Hombrecito de Hojalata
Hombrecito de hojalata,
si te agarro cobras vida
y mandas mover el aire,
le dices ven, él te obedece,
con tu voz de comandante.
Tus manos tan dispuestas
para someter el mundo
se congelan si te tomo
de aquel clóset de mi cuarto
donde habitan los monstruos.
Pero tú no te asustas
cuando la luz se va a su casa;
si te ven huyen temblorosos
los duendes de la noche, esperan
mejor que sea de día,
para que no los adviertas.
Aunque fuerte, sin mis manos
no sales del espacio de la ropa,
no tocan tus dedos las alturas;
se quedan dispersas las estrellas,
se chocan los astros.
Seamos, pues, buenos amigos;
tú me cuidarás de los instrusos
y yo, como mano en saco de lentejas
te alzaré muy lejos del abismo
donde se toca el cielo.



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