¿Quo vadis?


¿Dónde se ha ido mi príncipe,
dónde están sus pisadas?

Hoy he venido temprano
para llorar en su mortaja,
pero hallé la tumba vacía
y mi corazón se desangra.

¿Dónde te has ido dejando
angustiada mi alma?

En el dintel del sepulcro
se ve al fondo su sábana,
olvidaste llevarla contigo
como a mí, que te esperaba.

¿Dónde te vas si es que nadie
como yo te amaba?

En la entrada quedan hojas,
la brisa quiso apilarlas,
¿o habrán sido tus pies caminando
en la noche de pascua?

Háblenme, pues, hojarascas
a esta otra hoja que clama.
Por mí también pasó un día
y me dejó de Él prendada.

¿No fui yo hoja desierta
antes de sentir sus plantas?

Entonces me hallaba sedienta,
con un duro yugo en mi espalda
pero él me tocó y muy de pronto
comencé a verme amada.

Ya, callen, mis hojas,
al verlas el rumbo se aclara.
Ya veo el lugar de mi príncipe
y encuentro sus pisadas.

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