El alma de las cosas




Es cierto que las cosas tienen alma. Si las miras te sonríen, alinean sus contornos. Si tocas sus lados se ríen porque aman las cosquillas y sufren con tristeza cuando las miras con desdén o las condenas silenciosamente al olvido.

Después de todo, no comprenden cómo podemos ser tan insensibles; cómo somos tan fríos que pasamos por ellas sin siquiera dedicarles un mimo, una tímida palabra o una caricia.

Es que las cosas, aunque no creas, tienen corazón y se enamoran cuando brillan las estrellas; hablan de nosotros mientras están solas con un lenguaje indescifrable, cuentan sus secretos y se acompañan.

Ellas cantan un canto que aún no entendemos, el de decirse se todo sin palabras. Después de todo las cosas sienten, tienen alma.

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