Instrucciones para escribir un poema
Es fácil escribir un poema,
es decir uno sin pretensiones
de cambiar la literatura,
de emular a Borges o a Quevedo
ni de resucitar cadáveres.
Sólo basta poner silencios
entre palabras que se lleven
más o menos bien, que puedan
conversar juntas sin aniquilarse,
que se consuelen, que vayan
como compañeras.
Los silencios ni muy largos
ni tan cortos que se aburran
esas palabras como notas
de canciones olvidadas, como
esos muertos que quedaron
enterrados y nadie sabe
acaso dónde los pusieron.
Así bien entrelazadas
las palabras se prestan
para pintar la vida si quieres
de los colores que se tengan
en la paleta.
Eso no se puede si no logras
seducir a las palabras, traerlas
a tu rebaño silencioso, darles incluso
algo de comida para que esperen
y un lecho para que duerman.
Si las tratas bien irán contigo
te servirán en lugares ignotos
en aquellas sendas donde sabe
el miedo enfriar los huesos,
donde no se puede ir sin saber
que va a perderse algo importante.
Sólo es eso y el poema saldrá
aunque no quieras, aunque haya cosas
quizá más importantes que juntar
pobres palabras con silencios
que quizá no dicen nada,
pero cantan.


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