Procesiones






























Dentro,
muy adentro,
suceden procesiones,
se las ve caminando
con los elefantes
pintando las calles
con blancas pancartas.

No se puede ser
transeúnte
sin verlos con sus rostros
esperando aquel edicto
el edicto imperial
que conceda sus demandas.

Y es que trazan entre ellos
sendas perpendiculares,
cada uno con su causa
sin apenas escucharse.
Unos van porque se aumente
otros simplemente
para renovar la esperanza.

Ellos no se encuentran, van
cada uno
con sus propias consignas,
con palabras que no recuerdan
si se dijeron o se pensaron
alguna vez, si provienen
del pasado o sencillamente
se les va ocurriendo
en el instante.

Sólo van por esas calles
interiores, taciturnos,
y por fuera la vida sigue,
las protestas en Aysén,
las jornadas que no esperan
como las micros de Santiago,
como la clase que tengo ahora
y en la que llegaré tarde.

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