Nostalgia



La tarde está sola, las luces opacan
horas de minutos inconstantes y
vacilantes. Reclama el pasado del
recuerdo, de la historia, de un hoy
que vigila y que va para ser lento.

Nostalgia. ¿Pero qué es la nostalgia?
¿Será acaso como lluvia que se seca
por temor a ser pisada? ¿O hielo de
arrabal que sueña con seguir y no
parar de ser, rojo cristal de malva?

Las hojas se mesen. Septembrinas,
taciturnas se encuentran. Añoran
la brisa, que suave sopló y resopló
por vez primera. Esperan, aguardan
incesantes el ocaso, de la nostalgia.





En el sauce yace un corcovado viejo
cuyos años han demacrado una de
tantas existencias. Sólido como el
viento del este, salobre, impávido,
ve cercanos los últimos recuerdos.

Por su parte una mañana sentada
espera que llegue el momento de
ser tarde. Y tarde la noche levanta
su cortina ante la aurora perezosa
que aguarda detrás de los tejados.

Y resuenan las últimas canciones
de la luna ensombrecida. Temen
las acuarelas de la infancia por el
agua que se acerca, inesperada,
ante la sed agobiante de las hojas
y de las algas. Vientos coralinos

zurcan telarañas de acero dulce
con tumbos intrincados. Vienen
con ellos las sales extraviadas y
expectantes de un largo rumbo.





























Las luces se encienden. Tímidas
por la niebla que circula a veces
como un primer beso. Distantes
del negro asfalto que ha olvidado
para siempre, a los transeúntes.



Barranquilla, 2006.

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