Dulce bienvenida



Dulce madre, en ti la vida
vino a construir su casa,
llegó un día y se hizo carne
para dar la salvación.

Tú eres madre la respuesta
para todas las plegarias,
en ti el Padre Bondadoso
con amor, nos escuchó.

Atendió las peticiones
de su pueblo que sufría,
vino pues, y dio la vida
a tu vientre maternal.

Desde entonces ya no estamos
condenados al vacío,
ya no hay nadie que en el frío
no le llegue su calor.

Con su Pascua ya latente
en tu vientre generoso,
somos hijos con el Hijo
que su vida nos donó.

Por tu sí se regenera
la hospitalidad humana,
eres dulce bienvenida,
eres casa del amor.

Gloria a Dios que puso ojos
en los ojos de su sierva,
y que en ti se hizo reserva
para hacerse como don, amén.

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