Apaga la llama
Apaga, madre, la llama
en la estancia de tu niño,
que dormido en tu regazo,
es el abrazo de Dios.
Ahora calla y se reposa
de este mundo la alegría,
tienes madre hoy en tus brazos,
al Mesías, el Señor.
Él alumbra al mundo entero
con su sol de mediodía
y su luz a cada hombre
que de bien aprecia Dios.
En tus manos ahora duerme
de este mundo la esperanza,
Madre fiel de la confianza,
por tu sí todo esperó.
Ven y muéstrame su rostro,
dulce madre de la vida,
que lleguen los resplandores
de su faz a mi dolor.
Gloria, Madre, a Jesucristo,
que heredó de ti su rostro,
a Dios trino que en tu vientre,
quiso hacerse bendición, Amén.



Comentarios
Publicar un comentario