Dulce nombre



¡Dulce nombre que al nombrarte
curas todas mis heridas
y mis penas van vencidas
al contemplarte en la cruz!

Por tu nombre nuestro Padre
nos conduce a su regazo
mientras cargas ya en tus brazos
a los que el mundo olvidó.

Ven y acoge con tu abrazo
a los que hoy están con frío,
ten piedad sin en desvarío
llevo helado el corazón.

Dulce nombre, tú apareces
entre los desposeídos,
eres otro que ha salido
de su patria con dolor.

A tu amparo te confío
esta humana Compañía,
que Dios en la Iglesia un día
con tu nombre distinguió.

Gloria al Padre que te envía
y a su Espíritu que clama,
que en tu nombre se derrama
como dádiva de amor, amén.

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