Salmo del jesuita desterrado

Pronunciado por un jesuita
desterrado
no sé donde.
Yo te busco, mi Señor,
lleno del ansia de tu
encuentro
como la cierva tras las
corrientes
en los días de sequía.
La mañana despejada,
los árboles quietos, la
brisa queda
y aunque no dejo mi plegaria
tengo sed de tu consuelo.
Ayer era la misa,
el incienso en los contornos,
los cantos de fiesta.
Como esclavos hoy nos llevan
al recinto donde aquellos
que salían de la muerte.
¿Habrá un Claver
que me espere
en las costas pontificias?
Un rostro que me diga que estás cerca,
¿una mano amiga?
Tu rostro, Señor, ¡que pueda verlo!
El mismo que veía ayer al
"elevatis oculis in caelum
ad te Deum Patrem suum omnipotentem"
En mi interior mi alma se oscurece,
me debato en el naufragio.
Digo a Dios, a mi baluarte:
¿Por qué me olvidas?
Ahora camino cabizbajo
entre caras conocidas.
¡Somos nosotros!, ¿no recuerdan?
¡los jesuitas!
No te agites, alma mía,
Él es quien mira tu
rostro.
Él mandará su gracia cada día
y su consuelo tras las noches.
Está tu barca que me aguarda.
¡Yo lo quise
desde joven!
¡Claver que estás en la otra orilla,
mano que me dará el
consuelo!
Y atracaremos en tu puerto
en donde está tu Compañía,
¡ven, naveguemos juntos!,
si tú lo quieres, lo quiero.


Comentarios
Publicar un comentario