Si se van los montes



¿Quién le dirá a la brisa sabanera
Que traiga entre sus manos los nimbos de seda
Que saben a pan de queso y algodón dulce?

¿O habrá algún cabizbajo que grite:
-Aunque sea para adentro-
Que llegó el tiempo de las mariposas,
Que salieron de la crisálida y se fueron.

Porque vienen volando muy de lejos
A morir en estas tierras. Sólo unos pocos aleteos
Y plas, se unen con el pasto en un beso permanente.

¿Será entonces necesario que vengan las gaviotas
Que los reemplacen si vienen por la ciénaga
A surcar los terrenos inundados?

¿Dónde posarán esas aves silenciosas
Si los hombres aplanan con el peso de su historia
Sus altares?

Tendrán que acostumbrarse a jugar desnudas
Entre los techos de eternit y de cemento,
Perder por la fuerza el pudor de infancia

O resignarse al dolor de quedar solas
De ver sus recuerdos enjaulados entre el hierro
Que arrancaron de la tierra.

Van llegando, ¿Cómo decirles?
No hay palabras suficientes para darles la noticia
Ni hojarasca que esté dispuesta a consolarlas,


Si se van los montes.

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