Soliloquio 10
Llueve la tarde
mamá ha dejado un paño
secándose al sol
secándose pero se moja
se moja y no puedo sacarlo.
Llueve y se mesen
las hojas al viento
y el nido que vi en mi padre
no está, se ha ido.
Llueve y suenan
más fuerte las tapas
las tapas de las ollas
que toco con mis aspas
de quijote enmohecido,
de explorador del tiempo.
Hay un carro, un carrito
sin una rueda, con un vacío,
si lo muevo se bambolea
como cuando quiero caminar.
No tiene mamá que lo sostenga
si quiere rodar en mi pieza,
no hay nadie que lo suba
si quiere ver el cielo,
que lo sujete con sus manos
si quiere percatarse de que hay nidos
que persisten cuando llueve.
Al fondo la ventana
con pequeñas burbujitas
que se unen si es que quiero
poner mi dedo en ellas
se encuentran, se sujetan
para estar siempre juntas
como los labios de mamá
como su suave pisada
de cono dulce, tan imperceptible
cuando llueve en la tarde.
mamá ha dejado un paño
secándose al sol
secándose pero se moja
se moja y no puedo sacarlo.
Llueve y se mesen
las hojas al viento
y el nido que vi en mi padre
no está, se ha ido.
Llueve y suenan
más fuerte las tapas
las tapas de las ollas
que toco con mis aspas
de quijote enmohecido,
de explorador del tiempo.
Hay un carro, un carrito
sin una rueda, con un vacío,
si lo muevo se bambolea
como cuando quiero caminar.
No tiene mamá que lo sostenga
si quiere rodar en mi pieza,
no hay nadie que lo suba
si quiere ver el cielo,
que lo sujete con sus manos
si quiere percatarse de que hay nidos
que persisten cuando llueve.
Al fondo la ventana
con pequeñas burbujitas
que se unen si es que quiero
poner mi dedo en ellas
se encuentran, se sujetan
para estar siempre juntas
como los labios de mamá
como su suave pisada
de cono dulce, tan imperceptible
cuando llueve en la tarde.


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