Soliloquio 19

Mujer sentada,
brazos que mesen,
que me empujan
a lo alto.
Manos arrugadas.

En tu piel se ven caminos,
antiguos laberintos,
caminos que se cruzan.
Planetas lejanos.

Blanco cabello,
brizna desteñida.
Leño rosado
todavía virgen.

Tus manos, hojas secas
de arroz recién lavado,
dulce y pan amasado.
En su punto.

Voz cabizbaja, sabes
narrar las mejores historias.
En ti se recrean recuerdos,
Mente de plata.

Late lentamente
tu corazón afiebrado
como el rescoldo en las cenizas.
Rosa Titilante.

Tus brazos me relatan
Los niños que has cargado
que mesiste y no volvieron.
Mujer solitaria.

Si te miran los árboles
se dejan tocar por el viento
y mesen los pimpollos
entre sus ramas partidas.

Si te miran las estrellas
descansan y se quedan quietas
para oír tus historias,
Mujer de nácar.

Me meses y en tu regazo
se siente olor a selva,
a viejo baúl que guarda
indescriptibles tesoros.

Me meses y me olvido
del tiempo, de mí mismo,
de la hora en que yo tengo
que volver a casa.

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