Blanca Cordillera
Te sientas y esperas,
blanca cordillera,
al novio que regresa
cuando cae la tarde.
Sabes ser discreta
y cantas silenciosa
mientras van las aves
a anidar en tus riscos.
Así eres cordillera,
blanca, azucarada;
te pareces a la espuma
que baña las costas.
.
Permaneces inmóvil
impávida, no te afecta
el vuelo del cóndor
ni mis pies cansados.
¡Has visto tanto! conoces
de memoria las briznas
que acuden puntuales
a la cita con tus cumbres.
Te sabes señora, jefa
de los vientos, espacio
donde acude el tiempo
a consultar sus designios.
Te son familiares
los pasos de los hombres
y los sutiles delirios
del que besó tu estancia.
Recuerdas sus palabras
incluso las postreras
que recitas solitaria
en tus tardes de ocio.
Te dejas, soberana,
tocar por el aire vetiado
con briznas heladas
que peinan tus rizos.
dulce maíz y tela suave,
anciana que teje y piensa
en sus hijos ausentes.
Observas con dulzura
los que pasan distraídos
y los besas como sabes
en tu toque celeste.
Eres amiga del viento,
lo acaparas, lo recibes,
en tu fría majestad
para que halle descanso.
.
Eres bastión inalcanzable,
la Masada que defiende
tus pueblos anodinos, esos:
los pueblos que cantan.
En ti hombres padecieron
una de tantas despedidas,
algunos se escondieron
para siempre en tu guarida.
Otros silenciosos, como tú,
gran cordillera, se alejan
para recorrer horizontes
distantes como tus cumbres.
Sus voces olvidadas
se escuchan aún en tus laderas
que guardan para siempre
las pisadas de los incas.
Muéstrame sus notas
perdidas en el viento,
las señales ocultas, que
dejaron en tus cerros.
Deja escuchar su canto
entre el susurro de rocas,
entre sendas serpenteantes
nunca pisadas.
Habla cordillera, relata
las historias de los hombres
aunque ignores y no puedas
saber mis sueños de infancia.
Despierta para siempre
a la anciana que duerme
por el frío y espera contar
a sus nietos sus memorias.
Así cordillera, blanca, pronta;
tierra de Lauturo y de Valdivia
tierra de nadie y tan mía
vienes al encuentro.


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