Vida encontrada
Salí de casa
y se extravió mi vida
la dejé engarzada
en rosales cercanos.
No se ni cómo
la perdí de vista
y me fui a indagar
otros espacios.
Mi vida resistía
a seguir encadenada
entre espinos y gemía
sin hallar consuelo.
Y con llanto gritaba:
¡Ven mi dueño, ven
que muero, que hieren
las espinas, los tallos
me enlutan con sus garras.
Las rosas me refriegan
aunque bellas me espantan
y no sé cómo salirme
de esta prisión solitaria!
¡Y yo era tan joven
para escucharla,
para alcanzar a amarla!
no me daba cuenta
mientras caminaba
y por fuera me veía
reflejado en el agua.
Y mi vida solitaria
muy por dentro se veía
sin encontrar las palabras
con que animar la llamada.
Pero ardían las heridas
las espinas, la vida
en esa jaula, y debatida
en la amargura
mi vida sangraba.
Su sangre llenaba
la tierra, pintó de rojo
las rosas con nostalgia
se hizo presente en el cielo
en las montañas, y así
pude verla, me di cuenta
de que la echaba en falta.
Entonces corrí por ella
la encontré agonizante,
no me decía palabra.
La tomé conmigo, quité
las rosas, las espinas;
la liberé del cerco
y lloré con ella
para retornar a casa.



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