No vienen solos
Los poemas no vienen solos
hay que llamarlos
mecerlos suavemente
como se mece un niño.
Hay que tomar
a los poemas
los poemas caprichosos,
susurrarles canciones
para que despierten,
someterlos a la impredecible
terapia de un beso,
soportar el riesgo
de que queden extasiados.
Si no, lloran las palabras
y el cielo tiembla.
hay que llamarlos
mecerlos suavemente
como se mece un niño.
Hay que tomar
a los poemas
los poemas caprichosos,
susurrarles canciones
para que despierten,
someterlos a la impredecible
terapia de un beso,
soportar el riesgo
de que queden extasiados.
Si no, lloran las palabras
y el cielo tiembla.


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